Una dieta sensorial no tiene nada que ver con comida. Éstas no sólo incluyen cosas como el tratamiento del equilibrio, la terapia de movimiento y la exposición estructurada a estímulos sensoriales, sino que también diseña cuidadosamente actividades físicas, brinda herramientas y adaptaciones de acuerdo a las necesidades del niño.
La rutina de actividades de una dieta sensorial se ajusta a las necesidades y al horario de su hija. Pueden llevarse a cabo en sesiones de terapia y en la casa bajo su supervisión.
Los niños que tienden a estimularse excesivamente, su dieta sensorial los ayudará a pasar de un estado de excitación a uno de tranquilidad y los peques que sienten o parecen aletargados pueden lograr un estado más activo haciendo actividades que los ayuden a sentirse más alerta.
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