La doctora en Biología María Berrozpe comenta que “el llamado insomnio infantil por hábitos incorrectos" no es una verdadera patología, "sino un desajuste entre lo que el niño desea y necesita por instinto y lo que sus padres esperan que haga para dormir bien". Los bebés no nacen con intenciones claras de fastidiar a nadie. Tan solo responden a mecanismos de supervivencia de su especie.
En primer lugar, está el desarrollo natural de la arquitectura de sueño del bebé, que pasará de las dos fases que presenta cuando nace (sueño activo y sueño tranquilo), a las cinco fases del adulto.
En segundo lugar, su pequeño estómago va acorde que consume una leche diseñada para crías que deben estar cerca de su madre para mamar con frecuencia. Además, los eeres humanos somos crías inmaduras, con escaso control motor, lo que obliga a la madre a estar cerca siempre del bebé disponible para darle de comer. Obviamente ésta es una explicación biológica, que responde a lo que somos y no a lo que luego hacemos en cada cultura como, por ejemplo, usar el biberón, y que lo dé otra persona que no sea la madre. Pero eso es algo que el cerebro del recién nacido desconoce.
En tercer lugar, el bebé se despierta muchas veces para asegurarse de que sigue protegido y a salvo cerca de su madre. El cerebro del bebé no sabe si su madre está en la habitación de a lado o si se ha ido para siempre. “Por eso, cuando ponemos al bebé a dormir lejos, los despertares se traducen en llanto y reclamos de presencia materna, mientras que si estamos cerca serán desvelos rápidos en los que el bebé se enganchará al pecho y seguirá durmiendo, lo que se traduce en un amplio beneficio de descanso para ambos.
Los bebés no lloran para fastidiar. Para un bebé dormir solo en una cuna en otra habitación es como para un adulto dormir solo en un bosque.
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