Con el paso del tiempo la piel va perdiendo fuerza y elasticidad debido a que, a partir de los 25 años, el cuerpo deja de producir colágeno lo que provoca la debilitación de tejidos y dando paso a las primeras repercusiones estéticas que desencadenan en el envejecimiento de la piel.
Entre las causas más comunes se encuentra el tabaquismo, ya que ocasiona un rompimiento en las fibras elásticas que mantienen firme a la piel y le dan resistencia, además de incrementar el trabajo de las metaloproteinasas. La acumulación de desechos de elastina (proteína que constituye los tejidos conjuntivos, óseos y cartilaginosos y que proporciona elasticidad a la piel) en la capa interna de la piel, va seguida de una alteración del colágeno que la rodea, y de acuerdo a un estudio estas características se presentan en el 16% de los fumadores y en el 8% de los exfumadores, y la relación del tabaco con las arrugas se manifiesta con claridad en sujetos de ambos sexos de 30 años en adelante.
Las arrugas faciales también se presentan más en fumadores que en no fumadores, en ellos se produce una pérdida de fibras elásticas que da inicio en la dermis reticular, además de que produce una piel reseca, sin brillo y un cabello débil y quebradizo debido a la pérdida de colágeno por el contacto con el humo del cigarro. Asimismo, llega a producir muchos elementos químicos que afectan a las membranas que pueden destruir y cambiar su información genética, afectando las capas de la piel.
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