Entendemos por refuerzo positivo la consecuencia o estímulo que damos a una conducta que queremos mantener o aumentar en un niño. Este término, procedente del mundo de la psicología conductista, está basado en el modelo del psicólogo estadounidense B.F. Skinner (1904-1990). Dado que el objetivo principal es, aumentar y/o mantener una conducta determinada, ese reforzador que presentamos, debe ser considerado positivo y agradable para la alumna o el alumno.
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