Algo que recuerdo apesadumbrada fue la impotencia que sentíamos mi marido y yo para consolar a nuestro hijo en sus primeros meses de vida. Al llegar la tarde, mi pequeño dr pasaba las horas llorando (casi gritando), y nada parecía tranquilizarle: ni canciones, ni abrazos, ni baños calentitos, ni masajes, ni nada...
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